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jueves, 3 de junio de 2010

El artista detrás del telón

Celso Hernández  se ha dedicado desde hace un buen tiempo  al arte de construir. Y en la actualidad con 38 años de edad solo ha desarrollado esta ocupación, la que desde pequeño su padre desempeñó como oficio.

Así es como Celso recuerda con gran agradecimiento a su padre, a la persona que lo encaminó a su arte, el  de la construcción, al único agradable para él.

Celso Hernández disfruta cada una de sus obras, por pequeñas  o grandes que sean, o por lo que económicamente representen, desde pintar, estucar, enchapar, embaldosar, lechar, hasta construir una edificación que  pueda ir desde los subniveles más profundos o hasta los más altos. 

Una constante característica en las obras de construcción son las limitaciones  o dificultades en el proceso, que obligan ser solucionadas al instante, y es el albañil el personaje que se hace sentir  en parte, con los aportes  que él y muchos otros oficiales de construcción aportan a  los diseños de los arquitectos, ingenieros civiles, entre otros, pues son ellos los que le dan vida a los proyectos de aquellos personajes, gracias a que conocen físicamente, poco a poco, las ideas de los diseñadores antes que cualquier otra persona.

Todos estos proyectos o ideas de diseñadores son los nutrientes del paisaje urbano, que cada vez se fortalece más de edificaciones con diferentes estilos, tamaños, materiales, estructuras, formas, intenciones, usos, espacios y un sinfín de variables.

Esto es todo un reto para arquitectos y  diseñadores, pero todo se hace una realidad, gracias a estas personas que, día a día, con sus manos y su gran destreza y habilidad artística, como dice Celso, hacen realidad el sueño de muchos. La construcción se realiza en primera instancia para cubrir las necesidades básicas del ser humano y refugiarlo  de la intemperie o del mundo exterior. Luego, puede pasar a un nivel de confort y comodidad limitado por los gustos, la creatividad y la posibilidad de acceso económico a los bienes o materiales que lo posibiliten Finalmente, termina siendo una obra de arte que complace en su totalidad al observador (en este caso, el cliente).

El albañil no solo cumple o hace realidad las ideas de los diseñadores, también cumple la labor social más importante de la construcción, brindar esa comodidad y satisfacción de tener lo deseado por parte del solicitante o cliente, pero la verdad es que el crédito nunca se lo llevan los oficiales de obra sino, el arquitecto, el ingeniero civil, el decorador, entre otros, pues la sociedad demuestra que tan jerárquica se comporta y, lo más importante, es que se ha perdido la valoración de los oficios, que son igual de necesarios como el de las profesiones.

Celso, además de trabajar con cemento, ladrillos, tubos, agua, pinturas, baldosas, y todo tipo de herramientas, también trabaja con un gran sentimiento  que lo acompaña siempre: el amor, que se da gracias al gusto con el que él realiza su labor, con el objetivo de representar allí, en sus obras, el diseño que alguien le ha encargado hacer y complacer a los  clientes y, a sus jefes, porque  dejan un legado de su personalidad, reflejado en una persona responsable, honesta y sobre todo, respetuosa.

Y como ejemplo de esto es el último trabajo de Celso, que realiza para  Jesús Ceballos, quien lo contrató para  que le hiciera realidad el sueño de poder tener en su propiedad un enchape bonito y contemporáneo, con algo más de estilo y estética o armonía visual, reflejado en la renovación de la fachada de su propiedad, ya no en ladrillo rustico y sencillo si no en uno especial para fachadas,  (pequeño y liso).
Jesús considera que Celso es un hombre responsable, amable, que hace bien su trabajo, pues sabe quién trabaja bien en el ramo, porque no es la primera vez que acude a un albañil.  
Aura Gómez es la esposa de Jesús Ceballos y, ella considera que este ha sido uno de los mejores albañiles que han contratado su esposo en toda su vida conyugal. 
Celso cada semana, gana por su obra de arte alrededor de 300.000 pesos  y, además, deja como garantía la tranquilidad de la calidad del trabajo para toda la vida, como él afirma.

Su casa, en Copacabana, norte del Valle de Aburra, queda lejos de su actual lugar de trabajo, el barrio Florencia, del noroccidente de Medellín; por eso se levanta a las cinco de la mañana, prepara sus cosas personales como ropa de trabajo y, las herramientas, y espera con cariño los alimentos que su esposa, Olga Atehortua, le prepara; un buen desayuno y un abundante almuerzo, así como las infaltables bebidas, chocolate y gaseosas. A las seis coge rumbo hacia un nuevo día de  trabajo lleno de expectativas, a la espera de que el tiempo con que cuenta le rinda lo necesario para cumplir la meta. Mira al cielo y ruega para que haya un muy buen tiempo y no llueva, para así  hacer su labor lo mejor posible.

Al llegar a su parada de bus en la autopista, lo espera un gran rumbo, pues se sube caminando hasta llegar al sitio de trabajo y, lo más importante, llegar puntual, a las siete de la mañana. Su labor inicia preparando los materiales a usar, como pegas, ladrillos, agua y demás y, sin más preámbulo, comienza a laborar.  Es típico de su horario detenerse a las nueve de la mañana e invertir veinte minutos de su día para tomar energía y disfrutar el desayuno y, unas tres horas más tarde, tomar su almuerzo.

Su esposa, que juega un papel muy importante en la vida de Celso, no solo como cocinera sino como compañera sentimental, se siente muy a gusto con el trabajo de su esposo, porque, para ella, lo más importante es que él se sienta bien y feliz con lo que hace. Además, porque este empleo les permite pasar tiempo juntos, pues la jornada laboral de su esposo culmina aproximadamente de cinco a seis de la tarde.

Celso vive día tras día su oficio, de esta manera hasta haber culminado satisfactoriamente su trabajo y no solo hacer feliz a Jesús sino también a sí mismo.

Por esto, el arte de construir comprende los materiales, las técnicas y, lo más importante, las habilidades que aportan cada uno de estos personajes que hacen obras de artes sobre andamios o debajo de la tierra; dentro o fuera de una edificación, que viene siendo su gran telón rojo en el escenario de la construcción y que hacen una realidad los sueños e ideales de arquitectos, ingenieros, diseñadores, clientes y de muchas familias.

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