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miércoles, 10 de agosto de 2011

Una realidad simple que se complica


No me gusta la política y menos opinar de ella, pero es un campo polémico que se adapta a ese mundo oscuro al que todos en principio no queremos llegar.

En un mundo de fantasía donde todo es color rosa, todo se ve muy bien, se vive cómodo y feliz. Pero en un mundo donde predomina la avaricia, la codicia y el desorden espiritual es muy difícil llegar a pensar en un mundo fantástico y rosa. Las tonalidades se tornan grises y sin esperanza. Mientras unos juegan a hacer los héroes los otros a ser las victimas ¿de qué lado estar? ¿Si no sabemos quiénes son esas personas que manejan el poder?

Un buen líder es responsable, integro, honesto, de buen criterio, abierto a nuevas posibilidades, con conciencia y con ningún indicio de orgullo y superioridad. Pero,  lastimosamente  para entrar a ese mundo que promete oportunidades de cambio, ese líder no sirve, ¿por qué? porque en principio para poder ser elegido tiene que adaptarse a las formas tradicionales que han usado muchas personas para llegar a altos cargos. Además, dependen  de los medios económicos de dichos personajes, de quienes no se sabe la autenticidad de sus actos. Por eso vemos casi todos los días más implicados del dinero de la guerrilla y el narcotráfico. No importa que intenciones tuvieran al iniciar su carrera política, tan solo cuenta la procedencia del dinero que patrocinó la campaña.

Para simpatizar a los altos funcionarios se necesita ser como ellos, adaptarse al medio y  a las formas tradicionales de actuar. Si es una persona honesta que quiere trabajar por el bien común se hace a un lado o simplemente se ensucia su nombre sutilmente.

Si la palabra honestidad dominara en el Concejo, la Asamblea, la Corte y en  todas las entidades gubernamentales la situación sería diferente. Porque, se trabajaría por el ideal de un bien común y no individual, habría una igualdad, confianza y seguridad en las decisiones que toman esos personajes que elegimos para que nos representaran.

La mejor forma de ganarse la confianza de una comunidad es dándose a conocer, escucharlos, proponer, estar abierto a que ellos aporten nuevas  ideas, reconocer la diversidad y trabajar por el respeto y la satisfacción de las necesidades de las personas que más necesitan un cambio, un apoyo y un soporte para su desarrollo.

La realidad es simple, las personas se venden por un plato de comida. No es su culpa viven llenos de necesidades y con tal de llenar el estomago por un rato no importa quien este al mando del país.

Las decisiones que toman los representantes elegidos por el pueblo afectan directamente o indirectamente la vida de todo un país. Pero, ¿cómo sabemos cómo elegir? ¿Cómo sabemos quién es quién? ¿Quién cumple y quién no? ¿Quién es honesto y diferente?










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